¿Te ha pasado alguna vez estar convencida de que habías quedado con alguien un día, a una hora y en un lugar concreto, y darte cuenta de que te has equivocado?

 

Pero qué equivocada estaba

 

y lo convencida de que lo que yo creía, era tal cual lo estaba creyendo. Habría sido capaz de defender mi creencia hasta las últimas consecuencias porque a cabezota no me gana nadie.

 

Cuando la creencia es la de haber quedado con alguien un día, en un lugar, a una hora… rápidamente te das cuenta de que te has equivocado, casi al instante diría yo: llegas, se hace la hora, no llega la persona, llamas y compruebas que te has equivocado.

 

En ese caso, no hay duda, rápidamente eres consciente de que te has equivocado, no has acertado en tu agenda de cita, y no pasa nada… se rehace y LISTO.

 

Pero ¿y si esto pasa con una creencia del estilo “no va a interesar a nadie mi proyecto empresarial”?

 

Esto sería un grave error, ¿no crees?

 

Pero aún sería más grave, si esta creencia no tuviera un momento de chequeo, como el de la llamada que antes te contaba, esa llamada que al otro lado me decía hoy no era el día.

 

 
Digo yo, ¿y si en nuestras creencias introdujéramos esa llamada de chequeo?
¿y si a nuestro propio mapa de creencias introdujéramos un momento del día, en el que hiciéramos el gesto de llamar a la objetividad, para verificar si lo que creemos tiene base sólida?

 

No es nada extraño integrar que nos hemos equivocado, de hecho, debería formar parte de una secuencia del HACER, pero claro unimos demasiadas creencias a este hecho del error.

 

Ya sé lo que estás pensando, puedo oir los gritos de tu mente desde aquí “claro Paloma, es muy sencillo para ti” “si cometo un error es que soy errónea”, “cómo es posible que me haya equivocado, que ridículo he hecho”… y así te daría mil ejemplos que seguro te suenan.

 

El punto diferenciador, ¿dónde está?
La respuesta es sencilla, está en cómo gestionas tus fallos, tus errores, cómo los miras y qué te cuentas cuando eres consciente de tu error.

 

Aprender a que en tu propia secuencia de HACER hay una parte integrada de ERROR, es el primer paso que me gustaría integrases, y dieras como natural, y ¿para qué quiero que hagas eso?

 

Precisamente cuando integras como algo normal y natural que te puedes equivocar, es cuando te permites mirar el error como parte del desarrollo.

 

Solo para poder avanzar en el desarrollo personal, debes integrar en tu proceso natural el hito de verificación de tus creencias, para poder analizarlas y validar si esa creencia está sostenida en datos objetivos y es por tanto real, o si por el contrario, está basada en datos inventados como mi cita de hoy.

 

P.D1: Verificar tus creencias es uno de los pasos que más necesitas integrar en tu momento de conciencia actual, y ya sabes que esto es una DECISIÓN

 

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